APUNTES SOBRE LA MIGRACIÓN VENEZOLANA EN COLOMBIA



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2219

(Este trabajo fue seleccionado por el Centro de Fotografía de Montevideo —CDF Uruguay— en la convocatoria 2017 para la publicación de fotolibro latinoamericano)

Venezuela se ha convertido en un país de emigrantes. Se estima que entre dos y tres millones conforman la diáspora venezolana. Ese proceso de exilio se ha ido agudizando a lo largo de una frontera de 2.219 km de longitud entre Venezuela y Colombia, siendo este último país el mayor receptor de este desplazamiento por su cercanía geográfica. 
Alicia es una venezolana más que ha migrado. Ella llegó a Colombia en el año 2007 y permaneció allí durante 10 años. En aquel momento ella no huía de nada en específico, pero sí formaba parte de una generación que sentía cierta desilusión de su entorno. Su vida en Colombia le permitió, por un lado, ser testigo desde la distancia de los drásticos cambios políticos, económicos y sociales que ha sufrido Venezuela en la última década y, por otro lado, le dio la oportunidad de acercarse a esos venezolanos que han sentido que su país los expulsa. 
2219 es una respuesta a ese éxodo que parece no detenerse y que se ha convertido en una de las mayores tragedias de todo el continente suramericano.
El proyecto nos lleva a un viaje por esos paisajes fronterizos donde transcurren las despedidas. Incontables duelos, tanto de aquellos que se quedan como entre los que toman la decisión de irse y probar suerte en otro país. 
Tan lejos, tan cerca.
El paisaje no distingue territorios y podemos ver a Venezuela de un lado y a Colombia del otro. Sus poblaciones siempre se han desplazado por uno de los pasos fronterizos más concurridos de Latinoamérica, entre San Antonio en Venezuela y Cúcuta en Colombia.








Los venezolanos, entre 30 y 35 mil personas, lo cruzan diariamente buscando alimentos y medicinas. La mayor parte regresa, pero otros se quedan en busca de oportunidades. Al norte de los dos países, en la zona de la Guajira, hay otro paso importante donde la aridez y la violencia del territorio golpean la mente y el espíritu. 
La identidad se trastoca, se complejiza y se hace híbrida. El desarraigo aflora constantemente. En 2219, los retratos de venezolanos y colombianos son manipulados a través del collage para expresar esa fractura personal. Y es que ahora hay que acostumbrarse a ser siempre el “otro”. 
Los rostros rotos y divididos están construidos con palabras de los símbolos nacionales de los dos países, mapas, las monedas nacionales, todo compone ese álbum que representa tanto una historia personal como colectiva binacional.
Una canción de un reconocido cantautor llanero venezolano, Simón Díaz, resume muy bien el infortunio que vive un pueblo y esa necesidad irremediable de querer olvidar el dolor y reconstruir la memoria de un país deshecho: 


…niña que bordas la blanca tela 
niña que tejes en tu telar 
bórdame el mapa de Venezuela 
y un pañuelito para llorar.
libros libros libros libros libros libros libros libros libros libros libros libros libros libros